Creo que, para la gran mayoría de las personas, al oír “acupuntura”, lo primero que se imaginan son agujas como las de una vacuna o una extracción de sangre. A muchas les dan miedo y, por eso, no se atreven a probar. Es una pena, porque la sesión suele ser profundamente relajante: de hecho, la mayoría de las personas se quedan dormidas.

La Medicina Tradicional China (MTC) utiliza varias técnicas para el tratamiento del dolor y de diversas enfermedades. La acupuntura es la principal y la más conocida. Aunque cada técnica tiene su enfoque, todas comparten una base: buscar el equilibrio del Qi (se dice “chi”).

¿Y qué es el Qi? Dicho de forma simple: energía. Todos los seres vivos necesitamos energía. Cuando se acaba, morimos. Pero además de existir, esa energía tiene que estar equilibrada y circular bien. Cuando hay desequilibrios o bloqueos, aparecen dolor y enfermedad.

 

Podríamos decir que el Qi es el “motor” que sostiene los procesos vitales: participa en el movimiento de la sangre, en la función respiratoria y en la nutrición de cada tejido del cuerpo. Nuestro organismo es una máquina increíblemente bien diseñada, y el Qi sería su combustible. Al nacer, venimos con un Qi “de fábrica”, como herencia de nuestros padres. A partir de ahí, para mantener esa energía necesitamos, sobre todo, oxígeno, agua y una buena alimentación.

Entonces, si respiramos y comemos bien, ¿deberíamos estar sanos? Ojalá fuera tan sencillo. Porque, aunque el cuerpo físico es maravilloso, somos mucho más que un cuerpo, y hay factores internos y externos que afectan al libre flujo del Qi, creando desequilibrios y bloqueos que se traducen en dolor o enfermedad.

Todos sabemos que el estado emocional influye muchísimo en la salud: preocupaciones, estrés, ansiedad, miedo, rabia, tristeza… También nos afectan el clima y el entorno: frío, calor, humedad, sequedad o viento sostenidos en el tiempo. Y, por supuesto, la alimentación: quizá no falte comida en la mesa, pero eso no significa que nos alimentemos bien. La comida ultraprocesada, el exceso de “fast food” y la calidad de algunos alimentos (por la forma en que se producen o se conservan) pueden hacer que, aunque comamos, el cuerpo no reciba lo que necesita para funcionar con equilibrio. Dicho de otro modo: si el combustible es de mala calidad, la máquina no rinde como debería.

La acupuntura ayuda a regular el Qi y favorecer que la energía circule correctamente. ¿Cómo es posible?

En el cuerpo, así como existen venas y arterias por donde circula la sangre, también se describen canales por donde circula el Qi, llamados meridianos. Esa circulación tiene un orden. Cuando por causas internas o externas se altera, aparecen problemas. Por ejemplo, donde hay dolor suele haber bloqueo.

Mediante la inserción de agujas muy finas en puntos específicos de esos canales, se estimula el organismo para corregir desequilibrios: desbloquear, tonificar cuando hay “insuficiencia” o calmar cuando hay “exceso”. Cuando el Qi recupera su equilibrio y vuelve a circular mejor, el cuerpo empieza a volver a su estado natural de salud.

Y aquí viene una parte importante: para que el tratamiento funcione al máximo, también hace falta “material de base”. Si el estilo de vida es inadecuado, se come mal, se duerme mal y no hay movimiento, el cuerpo tiene menos recursos para recuperarse. Por eso, en muchos casos, es necesario cambiar algunas cosas y poner de tu parte. La acupuntura puede ayudarte mucho, pero el mejor resultado llega cuando tratamiento y hábitos van en la misma dirección.