Quimioterapia: caída del pelo

La primera sesión de quimio

El 4 de agosto de 2009 hice mi primera sesión de quimioterapia. Una querida amiga, Nora, viajó desde Madrid a Barcelona para acompañarme en este momento, llenándome de cariño. Unas dos horas después de volver a casa, empezaron las náuseas, los vómitos y el dolor de cabeza. No tenía ningún apetito e intolerancia al olor de la comida. Eso duró unos tres días, aunque lo peor de todo era el cansancio y un dolor de cabeza que no se iba de ninguna manera. Lo único que podía hacer era dormir. 

La menopausia precoz

Una semana después de aquella primera sesión, me bajó la regla por última vez. Aunque todavía no había cumplido los 45 años, la quimioterapia y los tratamientos hormonales me acabarían induciendo una menopausia precoz, con síntomas brutales que me acompañarían durante los siguientes doce meses.

Y empieza a caerme el pelo…

La caída del pelo por la quimioterapia no me hizo llorar, pero impresiona. Mi pelo empezó a caer el día 18. Fue un momento… no sé cómo describirlo, fuerte. Yo tenía una buena melena cuando me diagnosticaron el tumor, pero semanas antes de la cirugía ya había decidido cortármelo muy corto para que el cambio no fuera demasiado radical. Cogí una maquinilla de afeitar eléctrica y fui al apartamento de mis dos hijas. Nath hizo los honores y se encargó de rasparme la cabeza. Nos reímos mucho durante el «pelaje» y para animarme, me decían que estaba muy guapa sin pelo. Me sentía afortunada de tenerlas conmigo… A los pocos días, me di cuenta que no tener pelo tenía sus ventajas y decidí publicar una lista con algunas de ellas:

  • Cero gastos en peluquería: ni cortar, ni teñir, ni hacer mechas ni ningún otro tratamiento.
  • Cero gastos en productos capilares: champús, acondicionadores, mascarillas… y un largo etcétera de lo que nosotras las mujeres usamos habitualmente.
  • Ahorro en el consumo de agua: sin lavar el pelo, la ducha es muchísimo más rápida.
  • Ahorro en el consumo de energía: nada de secador, ni plancha, ni ningún otro aparato.
  • Y lo más valioso: tiempo precioso para dedicar a sanarte.

 

El 22 cumplí los 45 años.

La acupuntura como apoyo durante el tratamiento y los pequeños placeres

En las semanas siguientes me puse muy animada haciendo las cosas que más me gustan: ir al cine, leer mucho, escuchar música que eleva el alma, como Mozart al piano o Beethoven en piano y violín. También veía programas de humor, como los de Buenafuente o el Club de la Comedia, pues «la risa es el mejor remedio», ya lo dice la sabiduría popular. Empecé a auto tratarme con acupuntura en casa e iba una vez a la semana a tratarme en la clínica de Barcelona, ya que la acupuntura ayuda a combatir la leucopenia — el descenso de los glóbulos blancos durante los tratamientos oncológicos. Además de eso, me ayudaba a aliviar los sofocos de mi recién estrenada  (y bestial) menopausia forzada!

El optimismo como un aliado de mi sanación

Como podéis ver, todo, absolutamente todo, tiene su lado positivo. Es muy importante, cuando estás luchando por tu salud y por tu vida, cultivar y mantener el optimismo. ¿De qué sirve que todos tus amigos y familiares recen por ti si no haces más que llorar y pensar en la víctima que eres? Nuestro dolor tiene la dimensión que nosotros le damos. Las emociones tienen una frecuencia energética. Si nuestro cuerpo está siendo atacado por una enfermedad, es mejor no darle más munición al enemigo, sino elevar nuestras vibraciones y luchar con coraje.

En la cuarta parte, te contaré cómo viví las sesiones de radioterapia, el tratamiento con Trastuzumab y el largo camino del tratamiento hormonal con Tamoxifeno.